Ganar dinero con las apuestas deportivas

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Tácticas para apuestas en directo

Las apuestas live o en directo gozan cada vez de mayor popularidad entre nosotros, los aficionados. Y no  es de extrañar. A la diversión de seguir un partido de nuestro deporte favorito se le añade la emoción de acertar o fallar nuestra apuesta. Igual que no es lo mismo ver una final de Champions League en directo que en diferido, con las apuestas esta sensación se multiplica. En directo, todo es posible.

Un gol puede ser remontado, y un equipo, a veces, jugar mejor con diez que con once. Quién sabe. Tus apuestas más claras pueden estrellarse continuamente contra el larguero, y las más alocadas convertirse en un verde tras rebotar en un defensa y después en los dos palos. Sin duda, apostar en directo es la forma más dinámica y emocionante de apostar.

Cuidado con agitar demasiado, porque esta mezcla es mucho más que un cóctel. Es nitroglicerina. La característica principal de las apuestas en directo es la rápida variación de las cuotas que se produce durante el encuentro. Cualquier acontecimiento las hace cambiar rápidamente, a veces de manera abrupta, como cuando se marca un gol en un partido de fútbol. Las situaciones que viven los apostantes gracias al continuo desplazamiento de la línea de apuestas se llega a parecer mucho a las que experimentan los traders del mercado de valores, especialmente aquellos que trabajan en intradía. Las cuotas cotizan de manera continua, con valores que van cambiando casi segundo a segundo, como puede hacerlo cualquier valor del Dow Jones o del IBEX 35. Y en estos cambios de cotización aparecen grandes oportunidades de inversión y de rentabilidad. Estas oportunidades surgen, especialmente, haciendo trading deportivo y coberturas, tanto de apuestas prepartido como asentadas en directo.

Como en la bolsa, o en cualquier otro ámbito donde intervenga el dinero, donde más beneficios podemos obtener es donde mayores riesgos se ocultan. Las apuestas en directo requieren de fortaleza psicológica y emocional para no dejarnos llevar por la euforia del resultado o amedrentarnos ante determinadas vicisitudes del enfrentamiento. Al acercarnos a las apuestas en directo es necesario hacerlo con mucha prudencia, bien informados y analizando cuidadosamente los riesgos que tomamos.

En directo no vale aquello de «empiezo a ver el partido y, dependiendo de cómo vaya, pongo algo de dinero». A menos que seas un apostante experto, con centenares de apuestas realizadas y un registro de aciertos demostrados y ganancias superiores a las pérdidas, esta seguramente sea una manera ideal de poner tu dinero en situaciones de lo menos convenientes. Como todo es posible, a veces puede salirte bien la jugada y ganar. Pero lo más probable es que a medio y largo plazo apostar sin un plan bien trazado te conduzca a más casos de pérdida que de ganancia. Así que ya sabes: apostar en directo requiere tanta o más preparación que las apuestas prepartido. Y, como veremos, en directo pueden aplicarse las tres estrategias que ya conocemos para ganar dinero: las apuestas de valor, el arbitraje y el trading deportivo.

Las cuotas en las apuestas en directo

Existen diversos elementos que intervienen en la formación de las cuotas durante el directo. Ya sabemos que cuotas y probabilidad guardan una relación inversa: a mayor probabilidad, menor cuota, y viceversa. Cada suceso relevante que ocurre en un acontecimiento deportivo influye en las cuotas. Un gol o un penalti en fútbol, una expulsión por cinco personales en baloncesto o quién se lleva un tiebreak en tenis son ejemplos de sucesos que influyen en el desenlace de un partido, y que, por tanto, harán oscilar las cuotas.

Otro elemento que interviene de manera decisiva en las cuotas de las apuestas en directo es el tiempo que falta para que termine el encuentro. No es lo mismo un 00 en el minuto 5 de la primera parte que un 00 en el minuto 85; la probabilidad de que el partido termine en empate en el segundo caso es mucho más elevada que en el primero. En consecuencia, el simple paso del tiempo modifica el valor de las cuotas que nos ofrecerá la casa. El tercer factor en la formación de las cuotas en directo es, cómo no, el flujo de dinero que entra en cada posición. En el foro apuestas un partido trabado donde predomina la destrucción y manda el centrocampismo predispone más a los apostantes por un final en empate que un encuentro que se disputa a tumba abierta, con continuas ocasiones de gol en las dos porterías. Y, de hecho, estas mismas situaciones, si se dan en fases alternas del juego, irán cambiando la opinión de los participantes, añadiendo más dinero en una u otra posición en función de cómo se desarrolle. Esto no es ni más ni menos que el fenómeno que ya hemos descrito como desplazamiento de la línea de apuestas, donde el cambio de expectativas y la consiguiente entrada de dinero en distintos resultados fuerzan la variación de las cuotas.

El equilibrio, en directo, es muy difícil de mantener. Así pues, las cuotas en directo se verán afectadas por los siguientes tres elementos, que operan simultáneamente sobre ellas:

  • Los acontecimientos relevantes que sucedan durante el partido.
  • El instante en que nos encontremos.
  • La opinión del resto de apostantes y el desplazamiento de la línea de apuestas.

De estos tres factores, ya hemos visto que sobre el primero difícilmente podremos operar. Así que tenemos los otros dos para elaborar nuestras estrategias. Del instante en que nos encontremos, de cómo estemos viendo el encuentro y de cómo creemos que vaya a evolucionar tanto el partido como la percepción de los otros apostantes dependerá si una cuota es apropiada o no para abrir una nueva posición.

El plan de acción

Apuestas Live
Apuestas Live

En directo, estamos en clara desventaja técnica con la casa de apuestas es con el foro apuestas deportivas donde tenemos una ventaja. Esta es una diferencia crucial respecto de las apuestas prepartido, en las que apostamos esencialmente contra los otros apostantes. En directo, las bookies mandan. El trabajo de la casa de apuestas se realiza en tiempo real, por lo que no dispone de mucho tiempo para calcular las cuotas, ni puede esperar demasiado a ver cómo le entra el dinero para establecer su valor.

Esto quiere decir que ya no solo nos enfrentamos al resto de apostantes, sino que la propia casa es en muchas ocasiones nuestra contrapartida real. Y una casa de apuestas no es un apostante individual. Una casa de apuestas es una empresa con grandes medios técnicos y humanos, con matemáticos y estadísticos en su plantilla, con ordenadores potentísimos conectados a bases de datos que reciben en tiempo real información puntual de lo que sucede en los terrenos de juego. Y en ocasiones, más que puntual. Casi parece que conocen el futuro.

Cualquiera que esté leyendo estas líneas, que haya seguido un partido de fútbol y a la vez las cuotas de una casa de apuestas en el navegador de su ordenador, sabe de lo que hablo. La bookie siempre conoce los eventos importantes antes que nosotros, apostantes individuales. Recibir y procesar la información antes que nadie es crítico para las casas de apuestas. En ello les va su supervivencia empresarial. Las casas deben ajustar las cuotas a lo largo del desarrollo de los partidos, y por eso realizan grandes inversiones en infraestructura informática y de comunicaciones. Así que queda fuera de toda posibilidad práctica aprovechar sucesos como goles, penaltis o faltas una vez acontecidos. Olvídalo. Lo que has visto en la tele ya lo refleja la cuota desde varios segundos antes. Como mucho puede servirte para entender la dinámica de un partido, y si este se va a terminar decantando en una dirección u otra.

Así que en directo, tendrás que seguir apostando con probabilidades estimadas a priori. Lo segundo a tener muy presente es que hay que ser rápidos. Muy rápidos. A la velocidad a la que transcurren los partidos, en ocasiones en cuestión de pocos segundos se nos puede escapar una cuota. O peor, puede suceder algo que la invalide, como un gol, que el árbitro saque una tarjeta roja o que pite un penalti. Una de las experiencias más frustrantes en el mundo de las apuestas es acertar en qué dirección se va a decantar un enfrentamiento y que, mientras introducimos los datos en el ordenador, justamente nuestro equipo marque un gol, reduciendo nuestra cuota a un valor despreciable. Así que las dudas deben quedar aparcadas. Si tardamos más de la cuenta, adiós a la oportunidad.

Y relacionado con todo lo anterior, la tercera premisa básica: las emociones hay que dejarlas a un lado. Si apostamos, debe ser porque veamos claro que una cuota no refleja la probabilidad real de un resultado, o porque las cuotas han alcanzado los límites que nos hemos fijado para una cobertura. Si el amor que sentimos por los colores de nuestro equipo nos embarga mientras vemos un partido, mejor no apostar. Como se dice en la bolsa, mejor dejar pasar una oportunidad que tirar el dinero. Ya habrá más ocasiones en el futuro para apostar.

Estas tres consideraciones se traducen en un requisito más que deseable para apostar en directo con garantías: el plan de acción. La decisión de qué apostar en directo debemos tomarla, si es posible, antes del partido. Como mucho, quizás durante los descansos y tiempos muertos. Al final, la posición la abriremos durante el directo, pero la condición bajo la cual realizaremos la apuesta debe ser establecida de antemano, de forma que anotar la apuesta sea un proceso mecánico y objetivo que no requiera pensamientos adicionales ni genere dudas ni provenga de un sentimiento repentino e irracional.

Si tenemos una posición de victoria de la Real Sociedad sobre el Almería con cuota 2,3 prepartido y pensamos en cubrirla en directo porque creemos que puede haber muchos goles y alternativas, conviene que así lo hagamos. Un plan de acción sencillo puede ser cubrir el resultado si marca primero la Real Sociedad, o si la cuota de victoria llega a un valor determinado, pongamos 1,4. Y una vez dadas estas condiciones, ejecutar la estrategia disciplinadamente. Sin pensar. Sin dudas. Sin vacilaciones.

Así que, cuando nos planteamos apostar en directo, es necesario establecer un plan de acción por adelantado. Si puede ser, por escrito antes de comenzar el encuentro. Empezar a ver un partido de fútbol y decidir sobre la marcha una apuesta en base a nuestras percepciones resulta peligroso si no hemos pensado antes qué pasos daremos.

Nuestras emociones, especialmente cuando interviene tanto nuestro equipo favorito como el eterno rival, pueden traicionarnos. Existen apostantes muy experimentados que son capaces de elaborar su plan de acción durante el partido. Que logran mantenerse fríos y analizar las situaciones de forma clarividente, y asentar apuestas ganadoras. Son apostantes con muchas horas de experiencia, expertos conocedores del juego y que han desarrollado unas capacidades cognitivas muy profundas en base a la observación de los partidos y la identificación de patrones en el comportamiento de las cuotas. Tú podrás ser uno de ellos solamente después de un razonable período de entrenamiento.

Apuestas en directo puras Siempre que nos planteemos apostar en un partido conviene disponer de una preparación previa de las situaciones que pueden darse, las posibilidades de ambos conjuntos, las tácticas de cada uno y el estado de forma de sus jugadores.

Tras esta valoración, y quizás apoyándonos en estadísticas y otros datos históricos, podemos hacernos una idea de la probabilidad de los resultados posibles y, tras una estimación del valor, decidir si conviene realizar una apuesta direccional antes de empezar. Si vemos que hay valor, podemos realizar esta apuesta. Por desgracia, en muchas ocasiones las cuotas que encontraremos no merecerán la pena y ofrecerán poco valor, o hasta negativo, por lo que es bastante habitual que lleguemos al inicio del partido sin haber asentado ninguna apuesta.

Por suerte, aunque no hayamos apostado, este estudio no es tiempo perdido y puede facilitarnos la elaboración de estrategias en directo. Del análisis de las alineaciones y del dibujo táctico desplegado por los equipos en los primeros compases, de los cambios realizados en la media parte, etc., podemos anticipar la voluntad del entrenador. Es verdad que no siempre los partidos discurren por los derroteros que estos desean, pero al menos los jugadores intentarán plasmar en el campo esa intención.

Existen dos posibilidades que nos permitirán tomar la decisión de asentar una apuesta en directo pura:

  • Que creamos que la situación en el marcador está a punto de cambiar. Por ejemplo, un partido que de repente se abre y vemos que hay situaciones de peligro a favor de ambos equipos.
  • Que creamos que la situación ya no va a cambiar hasta el final. Típico de partidos cerrados, de destrucción o donde un equipo ha conseguido una ventaja que parece insalvable por el rival.

La primera es la dinámica del cambio. Si un partido se encuentra en una situación
de resultado inestable, donde es previsible que se marquen goles y se modifique el posible resultado final, puede ser un buen motivo para asentar una apuesta por la victoria del conjunto que lleva la iniciativa. O, alternativamente, si simplemente se ha convertido en un correcalles con posibilidades para los dos, podemos plantearnos apostar por que el encuentro no terminará en empate. La dinámica del cambio se puede rentabilizar, pues, con una estrategia de valor. Asumimos que la probabilidad de que el partido termine tal como está ahora es menor que la implícita en la cuota actual, así que apostamos por los resultados opuestos.

La segunda dinámica es la complementaria, la de la estabilidad. Esta debe partir de nuestra convicción de que la probabilidad de que el resultado actual sea el final es mayor que la que refleja la cuota o, por lo menos, que se mantenga durante un período prolongado. Para sacarle provecho a esta dinámica la mejor opción es el trading deportivo.

En el fondo, se trata de identificar una situación que no va a cambiar en mucho tiempo, y aprovechar que las cuotas van poco a poco variando a nuestro favor según pasan los minutos. Si presenciamos uno de esos partidos soporíferos en que ambos equipos se empantanan en el centro del campo, sin oportunidades de gol, y la cosa tiene pinta de perdurar, podemos apostar al empate. Más adelante durante el partido, si este se abre, podemos cerrar por trading esta posición o cubrir los resultados alternativos con un arbitraje. Lo mismo se aplica si un equipo va por delante en el marcador y no hay indicios de que el rival pueda remontar. Esta clase de apuestas en directo, puras, sin el apoyo de una apuesta prepartido son las más complejas de todas y las que requieren mayor conocimiento y sangre fría. En ellas, son nuestra intuición y conocimiento del juego los que marcan la pauta, y exigen un control férreo de nuestras emociones, cabeza bien amueblada y una excelente capacidad analítica.

Cobertura de apuestas prepartido Supongamos que, en nuestro estudio previo, hemos sido capaces de encontrar valor en alguno de los resultados y que, por tanto, hemos asentado una apuesta prepartido. Si es así, podemos, además, plantearnos la posibilidad de realizar una apuesta en directo como complemento a esta apuesta, esencialmente para asegurar la ganancia en caso de que las cosas se nos pongan favorables. Esta es una situación muy frecuente cuando apostamos por cuotas relativamente elevadas y resultados poco probables, y nuestro equipo comienza marcando. Recordemos el ejemplo que poníamos en capítulos anteriores, en que el Real Madrid recibía a Osasuna y apostábamos a favor de los visitantes con cuota 40.

Si los «rojillos» marcan y la cuota de su victoria se reduce a 10, habremos ganado el 75 % de la apuesta si la cubrimos en ese momento en directo. Si no lo hacemos, nos exponemos a que los «merengues» remonten y perder la oportunidad de garantizar nuestro beneficio. Así pues, cuando tenemos una apuesta prepartido podemos definir una cobertura para proteger las ganancias acumuladas hasta un instante. Se trata de garantizar las ganancias. Así aseguramos el beneficio de nuestra apuesta inicial, al margen de que el resultado final sea el que inicialmente pensamos. Esta forma de operar es la más apropiada para las primeras apuestas en directo que hagamos. Las coberturas se pueden calcular con precisión antes incluso del partido. Podemos establecer las cuotas a las cuales las ejecutaremos y las cantidades de dinero exactas que pondremos, por lo que no tendremos que tomar decisiones durante la vorágine de los partidos. Nuestras emociones quedan excluidas de la ecuación. Simplemente, aguardaremos pacientemente a que se den las circunstancias que teníamos planificadas. Y si no se dan, aceptaremos deportivamente la pérdida y esperaremos a otra oportunidad.

El caso más complicado de manejar en acontecimientos deportivos es el caso del fútbol, donde existen tres posibles resultados finales. En estos casos, si comienzas con apuestas prepartido ya asentadas, podemos distinguir tres posibles situaciones:

  1. Que nuestra apuesta prepartido sea al resultado más probable. Ejecutaremos en ese caso una estrategia en directo de cierre en cascada conforme se vaya confirmando el resultado apostado.
  2. Que nuestra apuesta prepartido sea al resultado con mayor valor esperado. Ejecutaremos una cobertura en directo simultánea de los dos resultados complementarios cuando las cuotas alcancen los valores pre fijados.
  3. Que nuestra apuesta prepartido sea a dos resultados posibles, preferentemente a dos que tengan un valor esperado positivo. Ejecutaremos una cobertura en directo del resultado complementario.

Recomendaciones finales

Nunca debemos dejar de tener presente que ganar en el mundo de las apuestas es posible, aunque no es fácil. Las apuestas en directo ofrecen una excelente oportunidad de ganar dinero, y, dado que riesgo y beneficio son la misma cosa en los mercados libres, resulta más complicado dominarlas en profundidad. Las variaciones que experimentan las cuotas durante los partidos son muy grandes. Esto las convierte en muy tentadoras, por lo que hay que acercarse a ellas con cuidado.

El control de nuestras emociones debe ser total. Nada de dejarse llevar por la euforia o por la decepción de un resultado que puede ser transitorio, tanto si favorece a nuestras apuestas como si va en nuestra contra. Un gol en fútbol siempre puede ser remontado. Un parcial de 10 a 0 en baloncesto puede verse respondido con un 012 a continuación. Un juego de tenis en contra, seguir con dos a favor. Nuestro plan de apuestas en directo debe estar claro antes del inicio, y ser ejecutado con disciplina militar y precisión de relojero. Analizar antes de que el árbitro dé el pitido inicial, evaluar las posibilidades, esperar a que la situación que esperábamos se produzca y entonces entrar en la apuesta o cubrir la que ya teníamos.

Ni antes ni después. Y si las cosas no van como pensábamos, permanecer al margen o aceptar con deportividad la pérdida de una apuesta sin cubrir. No es infrecuente que las pérdidas más abultadas de muchos apostantes se deban a improvisaciones sobre la marcha para intentar compensar un error de valoración o para intentar resarcirse de una pérdida. Mejor aceptar un pequeño revés que enfrentarnos a un gran desastre. Emplear técnicas estrictas de control de nuestro presupuesto –el money management– es crítico.

Pero no dejaremos de incidir en lo importante que es obrar con prudencia, y que nunca un error se arregla cometiendo otro error. Por todo ello, la mejor manera de empezar a apostar en directo es realizar coberturas de apuestas prepartido, especialmente dejando un único resultado sin cubrir. Este método permite establecer de antemano las cuotas de cobertura y calcular con detalle cuánto dinero jugar en cada posición. Pese a que conviene siempre seguir en directo nuestro deporte, el criterio de entrada y salida es puramente matemático: únicamente debemos esperar a que las cuotas a cubrir alcancen los valores que hemos calculado con anterioridad.

Una vez dominado este método y habiendo adquirido la disciplina para ejecutarlo, podemos pasar a las coberturas en cascada. Y después, ya bien entendida la dinámica de los partidos y de las cuotas, y con la práctica adquirida, podremos evolucionar hacia las apuestas en directo puras.

La psicología en las apuestas.

Psicologia de las apuestas deportivas
Psicologia de las apuestas deportivas

El control emocional Cuando apostamos no estamos solos. Aunque no lo parezca, al sentarnos delante del portátil a introducir las apuestas en el navegador, siempre lo hacemos contra otros participantes. Si ganamos nos llevamos su dinero, y si perdemos, ellos se llevan el nuestro. Así funcionan las apuestas. Por lo tanto, acertar un resultado de algún modo supone derrotar a un adversario, a alguien que opinaba justo lo contrario que nosotros y que también decidió arriesgarse.

Lo estamos venciendo a él, y por ello obtenemos la satisfacción de sabernos mejor que nuestro contrincante. Participamos en una competición en la que no solo hay dinero en juego, sino en la que a menudo también se involucra nuestro orgullo y otros sentimientos. A todos nos gusta ganar. La recompensa de acertar una apuesta no es solo económica, también es emocional. Saborear las mieles de la victoria… ¡qué gran satisfacción! De la misma manera, cuando perdemos no solamente se ve afectada nuestra cuenta bancaria, sino que nuestra autoestima puede sufrir un duro golpe. Nadie disfruta con la humillación de la derrota, especialmente cuando un rival demuestra mejores conocimientos que los nuestros. Fallar una apuesta puede ser muy doloroso. Al perder, el castigo no es solamente el dinero perdido.

El amor propio puede salir perjudicado. Así que tanto ganar como perder en las apuestas conlleva un componente psicológico importante. Somos personas y, nos guste o no, las emociones están siempre con nosotros. Para bien y para mal. Nuestros sentimientos pueden ser unos magníficos aliados en la toma de decisiones si los sabemos manejar adecuadamente, pero pueden convertirse en enemigos peligrosísimos si no los controlamos como es debido.

Y esto puede suceder tanto si ganamos como si perdemos. Al ganar, porque una racha de éxitos prematura puede hacer que nos sintamos invulnerables y que nos saltemos las precauciones imprescindibles en la gestión de nuestro presupuesto. Al perder, porque una serie de malos resultados causados por la simple probabilidad puede hacernos abandonar, a pesar de que usemos los métodos apropiados y que solo haga falta un poco de constancia para darle la vuelta a una mala situación. Lamentablemente, se puede llegar incluso a situaciones peores.

Los riesgos de obsesionarse y sufrir enfermedades como la ludopatía o la depresión son reales. No hay que ser alarmistas, porque la mayoría somos capaces de controlarlos. Pero están ahí. Así que como todo en la vida, hay que saber encontrar un buen equilibrio emocional. Como decía el filósofo, la virtud es un medio entre dos extremos. Todo es sano en su justa medida, y en las apuestas esta gran verdad también se cumple.

El justo medio Las apuestas tienen dos posibles recompensas: la económica y la emocional. ¿Es una preferible a la otra? ¿Apostamos solo para ganar dinero? ¿O lo hacemos nada más que por disfrutar del placer de la victoria? Ni lo uno ni lo otro. O mejor dicho: por las dos cosas.

Entender las apuestas solamente como un juego y pura diversión no es, desde luego, la manera adecuada de enfrentarse a ellas. En las apuestas hay dinero de por medio, y debemos ser plenamente conscientes de ello. Buscar solamente el disfrute y la satisfacción personal, querer acertar a toda costa los resultados y prescindir de cualquier otra consideración puede desembocar en adicción, y esta en ludopatía. Obsesionarse por el juego puede lanzarnos a consumir irresponsablemente el presupuesto familiar para artículos de primera necesidad como alimentación, vestido, vivienda o educación de nuestros hijos. Esto no puede ser calificado sino de enfermedad. Si sospechamos que podemos llegar a caer en semejante situación, debemos inmediatamente buscar ayuda y recibir las terapias oportunas.

Por el contrario, considerar las apuestas como un mero instrumento de hacer dinero no parece tan peligroso. Centrarnos solo en la operativa, valorar nuestras estrategias en términos de pérdida y ganancia y abrir nuestras posiciones tras una evaluación estrictamente racional no nos hará caer en ninguna enfermedad. Pero, desde luego, parece de lo más aburrido. Sería reducir toda nuestra actividad a un simple introducir operaciones en el navegador de la casa de apuestas y comprobar luego el resultado. Nos convertiríamos casi en autómatas, en robots que teclean mecánicamente sus stakes tras consultar las cuotas en la pantalla.

A menos que seas un profesional y este sea tu medio de vida, es demasiado frío. No parece algo en lo que la mayoría de la gente ocuparía su tiempo de ocio. Yo, al menos, no lo haría. Por eso, si queremos que nuestra operativa sea larga y exitosa, debemos conjugar en su justa medida los aspectos emocionales y racionales. Hay que saber hacer bien las cosas, y disfrutar mientras las hacemos. Ganar y perder forma parte del proceso natural de las apuestas, y de esa forma debemos considerarlo, sin obsesionarnos por las derrotas ni caer en estados de euforia desmedida tras las victorias.

El análisis profundo y la justificación intelectual del desenlace de un partido deben combinarse con esas intuiciones que el cerebro elabora tras la asimilación continuada de los entresijos de nuestro deporte. Y esas intuiciones se nutren de las sensaciones recibidas durante muchas sesiones de entrenamiento mental. Dicho de otra forma, hacen falta muchas horas de ver partidos y comprenderlos para que nuestra mente interiorice las pautas que rigen su desarrollo.

Nuestras neuronas nos comunican su información segregando transmisores químicos que percibimos como una simple sensación, y el placer de acertar un pronóstico o el desencanto por fallarlo es lo que el cerebro necesita para calibrarse, ajustar sus patrones de predicción y mejorar las intuiciones futuras. Así es como funciona la auténtica intuición, la sensación de saber verdaderamente algo y, sin embargo, no poder decir por qué. Cultivarla es, sin duda, una medida muy grata y a la vez muy inteligente.

Responsables de nosotros mismos

Todos somos humanos y, como tales, podemos equivocarnos. Es algo que está en nuestra naturaleza, así que debemos ser conscientes de ello. Y dado que al apostar lo hacemos voluntariamente, debemos hacernos cargo de nuestros actos y asumir las consecuencias de ellos. Si perdemos, lo hacemos nosotros. Nosotros ejecutamos las operaciones, así que los responsables tanto de los éxitos como de los errores somos nosotros. Si apostaste a que Cristiano marcaría el próximo domingo y no lo hace, quien se ha equivocado eres tú, no el delantero blanco. Si te fiaste de la opinión de un comentarista para apostar por la victoria del Barça y resulta que perdió, tampoco es el periodista quien decidió poner tu dinero en ese resultado. Fuiste tú. Así que culpabilizar a otras personas de nuestras apuestas erradas no tiene ningún sentido. Asumir esta situación y entender que nosotros somos los únicos artífices de nuestros actos nos permitirá mantener un adecuado equilibrio psicológico.

En nuestras manos está hacer y deshacer, utilizar una estrategia o cambiarla, decidir unos stakes u otros, incluso, apostar o dejar de hacerlo. Nadie nos obliga a participar en una apuesta, ni a poner más o menos dinero. Lo hacemos de manera voluntaria. Lo hacemos porque queremos, y así lo decidimos. En definitiva, se trata de que trabajen en buena consonancia inteligencia y sentimientos, responsabilidad y libertad. Si logramos alcanzar esta armonía, habremos conseguido el mayor triunfo posible: conocernos a nosotros mismos. Y este es un botín muy superior al de arañar una rentabilidad superior o a la satisfacción de sabernos expertos en un deporte.

Este aprendizaje trasciende a las apuestas e incide directamente en nuestra experiencia vital. Si llegamos a este punto, tendremos grandes motivos de celebración. Habremos logrado uno de los mayores trofeos a los que se puede aspirar. Como haría John «Aníbal» Smith, ya podemos sacar un buen habano del bolsillo y encender el humo de la victoria. Nos lo merecemos. Y cuando ganemos una apuesta, pronunciaremos su célebre frase paladeando con delicia cada una de sus palabras. Me encanta que los planes salgan bien.